enero 14, 2008

IV



Trajiste a mi memoria el sueño sutil
de lejanos parajes escondidos en tu pecho,
fue tu amor la cueva de Calipso
que llenó mi alma de sosiego,
fue tu voz el eco vespertino
que estalló trémulo de deseo,
y tus ojos de ágata encendidos
avivaron la llama de mis sueños

Hoy te vuelvo a evocar,
en mi noche de tristes desengaños
con el corazón cubierto de nostalgias
y la boca salada por los años

Hoy te vuelvo a nombrar,
con la esperanza del eterno caminante
que busca entre domingos y feriados
un amor que ate su vida errante

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